Existe cierta disparidad de criterios en la influencia que puede ejercer en la herencia, las cualidades de la gallina reproductora. Desde el aficionado que escoge meticulosamente un gallo para reproductor y le une varias hembras en la confianza de que siendo hijo de aquel gallo, tiene que ser bueno, hasta el que asegurar que los hijos de una gallina determinada, seran buenos, casi con cualquier gallo.

Aunque ambos criterios pueden acertar alguna vez, dando la razon a unos u otros, encontramos un caso curioso entre la aficion que se reconoce ya con buenos gallos y de los que rara vez conseguimos que nos vendan hembritas jovenes para la base de reproduccion. Los gallos reproductores los escogemos por sus comportamiento comprobado en diferentes peleas, y aunque estamos expuestos a cierto error, porque lo que se dice de un gallo, suele ser mas importante que la realidad y existir un ancho campo de lo imaginado a lo real, tenemos al menos unos puntos de referencia que nos deciden a su destino como reproductor. la seleccion mas sencilla es la que nos puede llevar al mas cercano y mejor fin, pero teniendo en cuenta que las crias que deseamos sacar son hijos de ambos reproductores y por tanto, si la hembra no aporta las suficientes condiciones para no restar al macho elegido, dificilmente se podra mejorar. El conocimiento de las facultades hereditarias de una hembra es muy importante y la comprobacion de que las transmite a sus descendencia, sin taras obstaculizadoras, las hace puntal del triunfo y mejoras selectivas.

Quizas no sea arriesgado asegurar que todos los criadores que producen buenos gallos, lo deben principalmente a tener reproductoras que se lo hacen posible y que las hijas de las mas acertadas uniones sostendran sin grandes dificultades la perpetuidad de las mejoras conseguidas. La importancia de la buena madre no es nada nuevo puesto que hasta en los pasajes biblicos se nos dice que la madre es la tierra fertil que recibe la semilla y que la buena simiente que cayo en tierra esteril no llego a dar su fruto, mientras la caida en buena madre, nos proporciono con creces las esperanzas que en ella pusimos.

La aptitud para la lucha reside en el justo equilibrio de diversos factores conscientes e inconscientes, adquiridos unos y heredados otros, que le dan el temperamento y facultad de aprendizaje, para valerse en condiciones adversas y superarlas de forma parecida a sus progenitores. Cuando se establece una base de partida con las lineas de hembras, que es la gran incognita de la mejora selectiva y se hacen apareamientos adecuados, ha de intervenir el fin propuesto por el criador que tratara de coordinar la herencia de la rama conocida en su descendencia (la materna) con las aportaciones del macho que la complete. La seleccion para sacar algo superior, es tarea paciente y desconcertante, puesto que cada prueba de una hembra lleva aparejada unos gastos inevitables, sin posibilidad de recuperacion, ademas de unos medios que no siempre estan a nuestro alcance.