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Palenques y Peleas de Gallos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Gallos.com.ve   
miércoles, 23 de mayo de 2007

En las ferias regionales mexicanas es costumbre encontrar diversos espectáculos esenciales para que un evento de esta naturaleza pueda ser considerado importante; dentro de estos debemos tomar en cuenta los jaripeos, las corridas de toros y las peleas de gallos, en esta ocasión nos referiremos a éstas últimas.

En la feria local, las peleas de gallos están programadas del 25 de noviembre al 13 de diciembre de 1999, por eso quisimos investigar como se origina esta tradición en nuestra ciudad y encontramos lo que a continuación anotamos: el guajolote es el ave de corral nativa de Norteamérica; los gallos, siendo de origen asiático, son traídos al nuevo continente por los españoles y rápidamente obtienen su carta de naturalización en estas tierras, al grado que hoy constituyen parte de la tradición y el folklore mexicano.

Durante el Virreinato

Pérez Zendejas dice que la gallística mexicana es la más antigua de América. Data de aquel Sábado de Gloria del Año del Señor de 1519, cuando después de la misa de Gloria, teniendo como escenario la playa que se extiende en Veracruz frente a San Juan de Ulúa, los gobernadores Tendile y Pitalpitoque, enviados por Moctezuma a Cortés, presenciaron la primera pelea de gallos. [1]

Poco a poco la afición a las peleas de gallos se fue generalizando en toda la Nueva España; sin embargo, esta actividad tuvo un carácter estrictamente particular hasta el último cuarto del Siglo XVII, en que aparece vinculada al Asentista de Naipes, quien arrendaba a los particulares los permisos para realizar las peleas. A partir de esta vinculación nació la expresión 'Juego de Gallos' y debido a la hermandad que se le dio con la baraja, también se le consideró juego de azar.[1]

Los 'asentistas' eran contratistas que pagaban cantidades fijas por las concesiones, quedando por su cuenta tanto gastos como utilidades. El asiento, contrato o arrendamiento, se hacía por subasta pública y podía intervenir cualquier persona. [1]

Inicialmente los gallos peleaban aisladamente en palenques improvisados y sin autorización o intervención judicial o fiscal. La popularidad siempre creciente de las peleas de gallos fue notada por el gobierno que decidió aprovecharla como renta real, al igual que los otros juegos permitidos. Durante muchos años la erogación por este concepto no fue molesta ni dispendiosa; los pagos estaban comprendidos en la Renta de Naipes y Ramos Anexos.[1]

Si bien es cierto que las peleas de gallos crecieron en popularidad, desgraciadamente también comenzaron a suscitarse escándalos en las plazas. Este hecho originó protestas por parte de las autoridades eclesiásticas; el primer ataque formal lo lanzó, en 1685, el obispo de Puebla, Manuel Fernández Santa Cruz y Sahagún. Los clérigos de la capital adoptaron una actitud semejante, apoyados por el arzobispo Francisco de Aguilar y Seijas, quien, el 24 de julio de 1687, escribió al rey Carlos II, solicitando la prohibición total. Ante estas peticiones, Carlos II ordenó la prohibición total del juego en el arzobispado de México y así lo hizo saber por Real Cédula de fecha 15 de junio de 1688. También emitió otra, mediante la cual separaba el juego de gallos del asiento de naipes. El arzobispo de Puebla, quien había comenzado el ataque, reclamó al Virrey, conde de la Monclova, que la prohibición no se hubiera extendido a su obispado y no contento con la respuesta positiva del virrey, el 31 de diciembre de 1688 nuevamente escribió al rey suplicándole que la prohibición se generalizara en todo el país. El 3 de febrero de 1690 se envió una Real Cédula al nuevo virrey, conde de Galve, por la que se extendía la prohibición a Puebla. Sin embargo, las Reales Cédulas se limitaron a México y Puebla y no se amplió la prohibición a todos los territorios del virreinato como se había pedido.[1]

A pesar de la vigilancia, el juego seguía efectuándose, dando lugar a Cédulas Reales secesivas del 21 de octubre de 1719, del 5 de marzo de 1724 y del 20 de mayo de 1726, ratificando la prohibición.[1] Después de ésta última, el asentista Isidro Rodríguez La Madrid, escribió a la corte diciendo que las peleas de gallos eran por naturaleza inocentes, sencillas y sin malicia y estaban tan arraigadas en el virreinato que ni las prohibiciones reales ni las amenazas de castigo habían podido acabar con su práctica. Esta carta iba acompañada de una solicitud par establecer un asiento. En 1727 Felipe V consultó al fiscal y al Consejo de Indias y tras oír el dictamen de ambos decidió conceder licencia al solicitante, para lo cual promulgó Real Cédula del 27 de septiembre de 1727, que derogaba las que lo prohibían.[1] Con esta Cédula, de 1727, se inicia el 'ramo de gallos', en la Nueva España, separado del de naipes.

El Marqués de Casafuerte, virrey de la Nueva España, recibió la cédula y fue el encargado de realizar el primer remate del asiento del juego de gallos; en enero de 1729 ordenó que sacaran a pregón el nuevo asiento, en las principales ciudades. El 2 de abril se empezó en Pátzcuaro, Michoacán; siguieron Santiago de Querétaro, donde, después de 14 días, surgió un postor, Carlos Noriega que, al final, quedó como asentador provisional por no haberse presentado ningún otro competidor. [1]

En la ciudad de México, en 1730, el juego de gallos pasó a José Vidaurre, quien actuó a nombre del médico francés Vicente Revequey (españolizado Reveque), quien vino a México en 1710 con el virrey Duque de Linares (Vicente Reveque no podía ser asentista por ser extranjero). Estos señores construyeron la primera plaza de gallos propiamente dicha en la calle del Baptisterio, junto a la parroquia de Santa Catarina Mártir (actual calle de Honduras). [1 y 2]

El año de 1799, una denuncia anónima contra la justicia de Acámbaro, origina que remita la siguiente información al virrey: "Como estas no son ni pueden llamarse fiestas, no tuve embarazo en concederle el permiso (a don Pedro Malagón), concibiendo de buena fe no estar probado respecto a que he asistido a tapadas de gallos en la plaza en que se juegan en México en el Coliseo de aquella ciudad , en Puebla, en San Juan del Río, en Querétaro y en otros varios lugares de esta misma jurisdicción y aún de muchas de sus asentistas, en que con motivo ya de celebridad de Santos titulares o de fin de una cosecha, o de la conclusión de alguna plaza, carreras u otras obras de alguna consideración, se lidiarían toros y celebrarían peleas de gallos y aún tal vez sólo por obsequiar a personas respetables que van allá a pasar algunos días."[3]

Con el reporte anterior queda de manifiesto que el juego se practicaba en esta ciudad; posteriormente, la lucha por la independencia no interfiría con el juego de gallos.

Durante México independiente

El año de 1828 el Sr. Luis Ruiz Laris redactó una ley, que recogía todo aquello que por costumbre habían convenido respetar los empresarios, soltadores y aficionados, con el objeto de reglamentar las peleas de gallos, decisión que fue aceptada con beneplácito por los galleros más importantes de su tiempo. El documento se conservó manuscrito, hasta que en 1872 Luis Inclán decidió imprimirlo y publicarlo, no sin antes hacer las modificaciones y ajustes necesarios que obligaba el tiempo transcurrido, para lo cual se auxilió de dos de los galleros más prestigiados de la época.[1 y 2]

A pesar de los graves problemas intestinos que vivió nuestro país después de la guerra de independencia, la afición por las peleas de gallos no decayó en nuestro medio y así encontramos que Frías, al referirse a los Baños de Pathe, (ver: Tribuna Universitaria 63, de julio 13 de 1999) dice lo siguiente: "Como baños, su época de apogeo fue a mediados del siglo pasado (XIX) en que con motivo de las llamadas fiestas de San Juan (que es titular de dicha finca), se hacía una temporada escandalosa de juegos de azar, peleas de gallos, bailes, etc."[4]

En 1881, Díaz se refiere así a la plaza de gallos existente en esta ciudad: "En la acera derecha (de la calle de la Guaracha, en dirección Oriente Poniente --hoy acera norte de la calle Reforma entre Vergara y Juárez) y frente a este teatro (De la Media Luna), está un palenque de gallos que se llama Plaza de la Libertad. Excusamos hacer la descripción de este edificio público, propiedad de Feliciano Vélez, ya sea porque consideramos a nuestros lectores poco afectos a las lides de gallos, ya porque los sitios destinados para aquellas no presentan novedad alguna: todas son iguales y muy pocos los que no las conozcan." [5] Este último comentario pone de manifiesto la popularidad de este espectáculo.

En el programa de las Fiestas de Navidad de 1882, [6] se menciona que habrá tapadas de gallos; de igual manera en la crónica de dichas fiestas relativas al año 1887, se menciona que en lado norte de la alameda, se improvisó por Feliciano Vélez, activo empresario, una gran plaza de gallos y, con ese motivo, se formó casi instantáneamente un grupo de casillas y jacalones en las que no escasearon manjares exquisitos y ricos licores.[6] También en las fiestas navideñas de 1891 el paseo que se formó al poniente de la Alameda, en la explanada, frente al Cuartel de Rurales, estuvo concurridísimo, por las vendimias, plaza de gallos y tiendas (esta explanada, que originalmente se conoció como Pueblo Nuevo, ya desapareció y ahora el espacio lo ocupa la Plaza Nisa).[6] Por estas crónicas, es de suponerse que, durante las fiestas de fin de año, siempre, como ahora, se incluían en el programa las peleas de gallos.

Debió ser muy importante y/o frecuente la celebración de las 'tapadas', pues el Estado de Querétaro, por decreto del 10 de octubre de 1890, reglamentó las peleas de gallos.[1] Además, en testimonios de las actividades de este género habidas a finales del pasado Siglo XIX, se recoge el siguiente: "Don Evaristo Alvarado, de Pisaflores, estado de Hidalgo, tenía famosos gallos que jugaba en las ferias de Jalpan, que hacía el Gral, Olvera, famoso jugador y gallero....".[3] Esta cita no da más información pero nos hace suponer que la mención se refiere al General Rafael Olvera quien fuera gobernador del estado (1883-1887), fallecido en esta ciudad el 17 de septiembre de 1898. [7]

En la Ley Federal de Juegos y Sorteos, publicada en el Diario Oficial el 31 de diciembre de 1947, se prohiben expresamente, en todo el país, los de azar y los de apuestas; sin embargo, se atribuye al Ejecutivo Federal, por conducto de la Secretaría de Gobernación, la facultad de otorgar permisos para que se celebren juegos de esta índole en ocasión de las ferias regionales, destinándose parte de sus beneficios al sostenimiento de las instituciones de prevención social.[2]

La Feria de Navidad ha sido, desde hace muchos años, el foro propicio para presentar este espectáculo en nuestra ciudad y, cuando el Centro Expositor estuvo ubicado en las faldas del Cerro de las Campanas (allá por el año 1960), el Palenque estaba instalado sobre la avenida Hidalgo, en terrenos de lo que hoy es la Facultad de Química; durante la administración gubernamental (1967-1973) de Juventino Castro Sánchez, el espacio ocupado por 'la feria' en el Cerro de las Campanas fue cedido para construir el actual Centro Universitario y la reubicación de los pabellones comerciales y ganaderos se hace al sur de la ciudad, donde ahora están. Entre las instalaciones originales, en este lugar, se contaba una Plaza de Gallos que actualmente está destinada para otro uso, en virtud de haberse levantado otro Palenque de mayor capacidad para dar cabida al, cada vez más numeroso, público que anualmente acude a dicho lugar.

Conclusión

Como mencionamos renglones arriba, en las ferias regionales del país se verifican las peleas de gallos, sujetas a los reglamentos que la propia afición ha aceptado y bajo la supervisión de la Secretaría de Gobernación; este espectáculo es generador de una actividad económica muy importante, por todos los factores, de muy diversa índole, que en la misma intervienen, confiemos que, como establece la Ley, parte de los beneficios que se obtienen se destinen al sostenimiento de instituciones de prevención social de Nuestro Querétaro.

[1] PÉREZ ZENDEJAS, Eduardo, Su Majestad el Gallo de Pelea, Edinova, México, 1999, pp. 33 ss.

[2] Enciclopedia de México, SEP, México, 1987, T.VI, p. 3126.

[3] DE MARIA Y CAMPOS, Armando, Las Peleas de Gallos en México, Diana, México, 1994, pp. 44 y 63

[4] FRÍAS, Valentín F. Las Calles de Querétaro, Querétaro, 1910, p. 178.

[5] DÍAZ DOMÍNGUEZ, Celestino, Guía del Viajero en Querétaro, Gobierno del Estado, Querétaro, 1998, p. 102.

[6] RODRÍGUEZ FAMILIAR, José, Efemérides Queretanas, Querétaro, 1973, T. I, p. 155 y T.II, pp. 8 y 170.

Modificado el ( sábado, 16 de junio de 2007 )
 
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